Con hondo pesar Carabineros de Chile Chico despidió a “Palmita” y recordó la estrecha relación con el solitario poblador y ex minero de Puerto Cristal

El residente consideraba a los carabineros como su familia

El personal fue clave en las gestiones para obtener su cédula de identidad tramitar su pensión, sumado al traslado permanente de ayuda y velar por su condición de salud, ganándose un espacio en el corazón de cada funcionario.

   Con profunda tristeza y hondo pesar, Carabineros de la 3ra. Comisaría de Chile Chico (F) despidió a José Palma de la Torre (79), un querido lugareño y ex minero de Puerto Cristal, quien por varias décadas vivió en soledad a orillas del lago General Carrera y quien consideró a Carabineros como su familia, ganándose un lugar en el corazón de los funcionarios de esta Unidad.

   Fueron años de trabajo y recuerdos que inundan los corazones de muchos carabineros quienes tras conocer su partida, recuerdan con especial afecto a aquel sencillo y humilde poblador que hacía patria en el silencio, el frío y la soledad de la montaña, mientras aún creía ser el guardián del extinto complejo minero.

   El Subcomisario de los Servicios de la 3ra. Comisaria de Chile Chico (F) Capitán Luis Alvarado Pinto, recordó que el poblador vivía en el fundo El Rosillo –sector El Avellano- un remoto y aislado lugar, al cual sólo se puede acceder vía lacustre o a través de varios días de caminata por un sendero.

   Recientemente, Carabineros en su rol de solidaridad social e integración nacional, acudió con alimentos a bordo del helicóptero institucional, pudiendo percatarse de su triste partida.

   «Rescatamos de este hecho lamentable nuestro rol de integración nacional y lo que es la ayuda social que brindamos en esta región (…). Mensualmente llevábamos alimentos a don José y esto se transformó en una tradición junto con saber cómo se encontraba y coordinar con otros servicios la ayuda médica y evaluación, luego que él nunca quiso abandonar ese sector», recordó.

   Carabineros realizó gestiones, logrando ubicar a familiares en Argentina, no obstante, “Palmita” –como cariñosamente no conocía Carabinero- decidió continuar con su vida solitaria en este lugar, decisión que fue respetada, tal como constató el programa de televisión “Lugares que Hablan”, que acompañó al personal y conoció de esta historia en una de las visitas realizadas.

   “Don José Palma de la Torre fue parte de la vida de Carabineros de la 3ra. Comisaría y para él los Carabineros fueron parte de su familia. Su triste partida nos deja un profundo sentimiento de vacío, pese al cual continuamos trabajando con otras familias, pero con Palmita, había un fraternal lazo de amistad», recordó el Oficial quienes en una ocasión trasladaron una placa solar para encender una ampolleta y alimentar una radio, en tanto el Capitán Orlando Henríquez Morales que se desempeñó como Subcomisario de los Servicios, en una de sus últimas visitas -antes de trasladarse a su nueva destinación- le dejó de recuerdo su chabka de servicio para resguardarse del viento y frío de la zona.

Espíritu de servicio y eterna amistad

   Quien también memoró con especial afecto y gratitud a Palmita, fue el Suboficial Bernardo Pinto Sánchez, quien con el grado de Sargento 2do. llegó a la 3ra. Comisaría de Chile Chico (F) el año 2006 donde se desempeñó como maquinista y luego como patrón de la lancha LC-062 ocasión en que conoció a este lugareño, con quien estableció un estrecho contacto y amistad, convirtiéndose en una persona clave en la vida de este solitario poblador.

   «Creo que fue la gestión más linda que puede haber hecho y que me reconfortó, fue el haber logrado sacar su cédula de identidad y haber obtenido una pensión para Palmita, logré sacarlo de donde estaba, porque él nunca salía».

   Carabineros gestionó canastas de alimentos con la Municipalidad de Puerto Ibáñez, Chile Chico y la Gobernación de La Provincia de General Carrera, ayuda que era trasladada en cada patrullaje lacustre.

   Dado que Palmita había llegado con poco más de 18 años a trabajar a la mina, surgió en Carabineros la interrogante sobre una eventual pensión y tras exponer el caso al mando de la Unidad, los carabineros de la tripulación comenzamos a desarrollar las gestiones», recordó.

   «Fuimos con el registro civil y el IST (…) se le tomaron sus huellas dactilares, las fotos, se efectuó la documentación y se envió. Él estaba muy contento, Palmita lloró en la lancha y eso fue muy emocionante para nosotros porque ver la situación en la que él se encontraba era deprimente toda vez que estar solo, pasar frío, pero carecer de alimentos y tener hambre, es muy diferente», detalló el Suboficial.

“Esto ha sido por lejos lo más gratificante”

   En el mes de agosto de 2013, el funcionario fue contactado desde la oficina de seguro social, indicando que la pensión estaba aprobada y, para hacer efectivo el cobro, debía Palmita viajar a Chile Chico.

   «Él no había salido de ese lugar ni siquiera por enfermedad al menos en los últimos 12 a 15 años; no había registro de aquello».

   Luego de muchas conversaciones, el lugareño accedió, abordó la lancha institucional y viajó a Chile Chico, cenó con el personal y pernoctó en la Comisaría, al día siguiente el funcionario lo acompañó al banco, sacó el “voucher”, Palmita lo firmó y pasó por caja, logrando cobrar su primer sueldo, equivalente a tres meses.

   «Fue una enorme emoción y satisfacción al ver los ojos de aquel hombre, que brillaban y que más de una lágrima derramaron cuando estaba recibiendo su dinero, son cosas que en lo personal me marcaron mucho. Esto ha sido por lejos lo más gratificante de muchas cosas que he hecho a lo largo de mi vida como carabinero».

   Luego de eso, el funcionario junto al Cabo Arellano lo acompañaron al supermercado, adquirió mucha mercadería e incluso en el local -tras conocer su historia- le regalaron más productos y le hicieron descuento.

   “Él era muy humilde como persona, muchas veces tomamos mate juntos a orilla de la cocina, sus únicos amigos y de mayor contacto que tenía, eran los Carabineros, eso siempre me lo decía”, recordó.

   «La última vez que le fui a dejar los alimentos, y lo hice subir a la embarcación, le dije que yo me iba y que los que quedaban iban a seguir haciendo esto, a lo cual él me decía que porqué me iba, que por favor me quede, que no me fuera, pero mi tiempo había llegado. Le corrieron sus lágrimas y me dio un gran abrazo, desembarcó y nunca más nos volvimos a ver», recordó con emoción el Suboficial, quien en todo momento desde algún otro lugar del país preguntaba su persona.

   Se trató de una historia que desde el primer momento conmovió a los funcionarios, quienes abrazaron el caso y que hoy los une en sus diversas destinaciones.