Despedida a don José  Evaristo Alarcón Belmar (Q.E.P.D)

Hermano, amigo, vecino, domador, bardo, campero, empeñoso chacarero, dirigente campesino, hacedor de su destino, de su esposa compañero, un padre que con su esmero dio a sus hijos un camino y porque estaba en su sino verseador y guitarrero.

 

Porque era un gaucho genuino de una sola pieza, entero porque siempre fue soguero hasta el fin de su camino llevará me lo imagino en este viaje postrero Un par de leznas, un cuero lonjas para tiento fino por si al Hacedor divino le hace falta un nuevo apero.

  Omar Troncoso España(*)

 

El 20 de noviembre recién pasado, nos ha dejado don Evaristo Alarcón, a la edad de 89 años.   Llegó desde El Chalía a la región Aysén el año 1941 siendo un niño, junto a sus padres y más adelante el año 1971  se establece en el que sería  su pueblo definitivo  Puerto  Ibáñez, donde muchos lo conocían  como “Cotito”. Se casa con Guillermina Sandoval Cea, con quien tuvieron 6 hijos (uno de ellos fallecido).  Aunque trabajó en diversos oficios, mercanchifle,  alambrador, esquilador y otras cosas, su profesión como él decía, era la de Soguero.  Se destacó en el trabajo en soga,  práctica necesaria en los tiempos en que no había otros materiales disponibles para elaborar las piezas de trabajo   que la ganadería y el uso del caballo demandaban,  elaborando

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(*)  Cultor tradicional  y sobrino nieto de don Evaristo Alarcón. Se desempeña como encargado de la Biblioteca Municipal  de Cerro Castillo.

 

piezas como maneas, lazos, bozales y otras, para determinados usos, las que cumplían con los requerimientos de   firmeza y durabilidad,  pero en este proceso fue llegando a un nivel de prolijidad y fineza  que le permitió crear piezas de gran belleza y calidad, que pronto, lo hicieron reconocido  no sólo en su entorno cercano sino en la región y fuera de ella, como  en localidades argentinas cercanas desde donde le mandaban a hacer trabajos. La fundación Artesanías Chile, lo incluyó entre artesanos escogidos de todo el país, a quienes se les compraban piezas, que desde la Fundación viajaban a todo el mundo.

Don Evaristo gustaba de la conversación y la música, tocaba la guitarra, le gustaba escribir y también recordaba con prodigiosa memoria, versos y canciones aprendidas desde su niñez, escuchadas en las ruedas de fogón, en discos de vitrola y en las fiestas campesinas, siempre tenía una historia para contar y la disposición a escuchar y aprender de otras personas. Aunque veneraba la tradición de su oficio, tuvo la apertura de entender que el contexto actual era distinto de aquél donde se formó y con esa disposición  trabajó enseñando su arte – oficio, en espacios escolares, con materiales distintos de la soga, hilos encerados y coloridos que  trenzaban y tejían  las manos de los y las jóvenes aprendices, para que esta antigua técnica se siguiera conservando con nuevas propuestas.

Sin duda don Evaristo, sus historias, su trabajo y sus enseñanzas vivirán por mucho tiempo en la memoria de sus cercanos y de su comunidad, que lo recuerda también por su actividad como dirigente campesino y activo organizador de los adultos mayores de su localidad.  Por todo ello, amigos y vecinos junto a familiares, se volcaron a despedirlo este domingo en el cementerio de Puerto Ibáñez, dando muestras de cariño y respeto que lograron hacer más llevadera la  pena del momento y dejar en sus hijos y esposa, el consuelo de que su paso por esta tierra fue valorado por muchísimas personas.

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