Los Prisioneros: qué piensan González, Narea y Tapia del estallido chileno

Las masivas manifestaciones no han tenido su banda sonora en canciones más actuales, sino que en algunos de los himnos escritos por Los Prisioneros hace tres décadas. Aquí, sus tres miembros hablan con Culto de por qué su música ha vuelto a sonar entre marchas y reclamos sociales.

Claudio Vergara

Han vuelto Los Prisioneros. Podría ser el anuncio soñado para los fanáticos de la música nacional, uno de los retornos casi imposibles del rock latinoamericano, un pequeño milagro de que algo grande está naciendo. Pero no. Lo que en más de una década no logró ninguna maniobra de marketing, de alguna manera lo consiguieron las manifestaciones sociales sucedidas en el país en los últimos días. Tal como en los 80, la música del trío se convirtió en la banda sonora del estallido, en particular “El baile de los que sobran”, y mucho más que cualquier otro artista o canción surgida en Chile en las tres décadas posteriores. Por ejemplo, en la multitudinaria marcha del viernes en Plaza Italia se cantó fuerte aquello de “únanse al baile/ de los que sobran/ nadie nos va a echar de más/ nadie nos quiso ayudar de verdad”. Antes, el pasado martes, por redes sociales se convocó a una suerte de cadena nacional espontánea donde a las 21 horas debía sonar desde las casas precisamente “El baile…”. Un día después, el mismo tema se escuchó en voz de sus protagonistas: el dúo que hoy integran Claudio Narea y Miguel Tapia se presentó sin aviso en Plaza Ñuñoa e interpretaron el himno escrito en 1986 por Jorge González. La misma BBC publicó una nota en la que intentaba descifrar por qué la composición aún resultaba un eco tan significativo en Chile.

Quizás por todo aquello, “El baile de los que sobran” pasó en los últimos días de 12 mil escuchas en Spotify a más de 40 mil: de cierta forma, han vuelto Los Prisioneros.

Jorge González: “Este presidente ha fallado. Un estallido como lo que está pasando es lo lógico”

Aunque Jorge González ha estado fuera de Santiago en los últimos días, ha seguido de cerca todo lo acontecido en el país. Sin una agenda más pública y activa desde que se despidió de los escenarios en enero de 2017 en la Cumbre del Estadio Nacional -debido a las secuelas detonadas por un infarto isquémico cerebeloso-, el cantante ha establecido en los meses recientes una dinámica cotidiana en que destina parte de sus horas a mirar información por internet, a conversar a través de chats o correos electrónicos con su círculo más privado, y a recibir visitas de parte de amigos que siempre lo actualizan acerca de lo que se está fraguando allá afuera.

En ese contexto se ha enterado de la irrupción social en todo el país. De hecho, Culto ha conversado vía mail con el artista en torno a sus impresiones, las que a principios de esta semana tenían una opinión tajante: “Este presidente (Sebastián Piñera) ha fallado y debe renunciar”, es uno de los mensajes que compartió con este medio. Luego, con el curso de los días y la escalada de las marchas más masivas y pacíficas, el cantautor analizó: “Si gobierna la derecha, tratan de robar más al estado. Un estallido como lo que está pasando es lo lógico”.

Jorge González.

Además, se declara muy impactado, feliz y remecido de que los temas de su desaparecido trío hayan vuelto a asomar con fuerza, en particular “El baile de los que sobran”. Aunque para él, siempre fue una canción que, más que un pulso de vigencia o actualidad, le causaba una profunda tristeza.

Así lo retrataba en 2016, en una conversación con este mismo diario: “Me gusta que recuerden ‘Tren al sur’, pero me da pena que lo hagan con ‘El baile de los que sobran’, porque es un tema muy triste para mí. Y es muy triste que se haya convertido en un tema tan popular, porque significa que no se ha avanzado en nada y que los que manejan Chile no han cambiado en nada. Ojalá salga otra canción alegre alguna vez para las demandas sociales”. El tiempo no le dio la razón: ninguna otra composición ha podido reemplazar a la que él mismo creó en 1986 para el disco Pateando piedras.

Durante estos días también se ha viralizado una entrevista del músico de 2011 a radio Cooperativa, donde dice que “da mucha pena que sean los niños los que tengan que salir a las calles a dar una pelea que los grandes no pueden”. Además, en el registro agrega que no espera cambios desde la clase política, que la izquierda se murió con Gladys Marín y que el escenario de hoy es distinto al de los 80, ya que si en esos días la angustia de parte de los chilenos radicaba en perder o no la vida, en este siglo las preocupaciones giraron hacia la educación y la sobrevivencia en un sistema económico que, según define, “te trata de apagar el espíritu”. Para muchos, esas palabras de hace ocho años entregaban un diagnóstico del malestar colectivo que se estaba incubando y que terminó estallando esta semana.

En respuesta, González y su círculo han decidido subir a su cuenta de instagram algunas entrevistas que daban cuenta de sus opiniones políticas hace algunos años. Además, el viernes publicó en esa misma plataforma una imagen de la marcha en Plaza Italia, acompañada del mensaje “¡Aguante Chile!”.

Por motivos de salud, y a diferencia de sus otros dos ex compañeros de grupo, no pudo estar ahí. Pero el artista vinculado al rock más importante nacido en el país ha observado con atención un movimiento enorme que ha marchado al ritmo de sus propias canciones.

Miguel Tapia:  “’El baile de los que sobran’ es una bandera que va a flamear por mucho tiempo”

“Me ha tocado estar en varias marchas grandes”. Miguel Tapia (55) rememora su vida como joven en los 80 y cuenta que asistió a las más diversas manifestaciones contra el régimen de Augusto Pinochet. En una de ellas, la más definitiva, no sólo caminó acompañado de miles de personas; también se subió a un escenario.

El sábado 1 de octubre de 1988, participó a bordo de Los Prisioneros en el multitudinario cierre de la campaña del No en la carretera Panamericana, cuatro días antes del plebiscito, con un ovacionado show que partió cerca de las tres de la tarde y que culminó con el himno más apropiado, “El baile de los que sobran”.

El pasado viernes cerca de las 17 horas, Tapia también estaba en una marcha, pero 31 años después, en 2019 y en el centro mismo de la capital, en Plaza Italia, cuando volvió a escuchar “El baile de los que sobran”. Aunque esta vez no con él sobre una tarima, sino que a partir de la misma gente que empezó a corear su letra desde la vereda y los balcones. Al reconocerlo entre la muchedumbre, algunos incluso se acercaron a abrazarlo.

Miguel Tapia.

“Fue maravilloso, la gente nos tiró mucha buena onda, me saludaban con mucho cariño. Y sobre todo mucho público joven que decía que era muy fan de Los Prisioneros. Es una generación distinta, son cabros sin miedo, que no crecieron con los traumas de nosotros. Igual, jamás imaginé que esto iba volver a suceder o que iba a participar otra vez en una marcha de este tipo. Estuve en marchas así a los 24 y ahora lo estoy de nuevo, ya con 55. Aunque de lo que no tenía ninguna duda es que esta olla a presión sí iba a reventar en algún momento. Estamos todos pagando el manejo irresponsable, codicioso y sin ningún sentido de empatía de algunos personajes a los que nunca les ha interesado el país, sino que sólo cuidar sus intereses. No me llama la atención que los políticos digan que ellos no lo esperaban, porque no tienen ninguna conexión con la sociedad, viven en Narnia, en una burbuja”.

Para el baterista, la clave de que “El baile…” aún musicalice las convulsiones de la sociedad chilena se debe a un concepto medular: “Es una canción que tiene que ver con la educación, que finalmente es la base de toda sociedad”.

Luego se explaya: “La canción en sí lleva el mensaje de una injusticia social basada en la educación, algo que es tremendamente importante para toda sociedad. Por eso es una canción tan hermosa y emblemática, porque retrata lo que está pasando en ese ámbito hace muchos años, y no sólo en Chile, sino que también en Colombia o Perú, donde la han ocupado para las marchas estudiantiles. Fue creada en un momento muy clave de la historia de Chile y a partir de ahí identificó a varias generaciones, porque sigue siendo una realidad súper latente. Nació en el momento preciso y el lugar perfecto. Y hoy tiene vida propia: nosotros vamos quedando atrás, pero El baile sigue existiendo de manera tremenda. Es un símbolo y una bandera que va a flamear por mucho tiempo”.

Claudio Narea: “Hace mucho que nos dicen que nuestras canciones siguen vigentes”

Claudio Narea (54) cuenta que estaba en la mitad de las masivas manifestaciones en Ñuñoa y que alguien se acercó para invitarlo a que se subiera a un improvisado escenario levantado entre los árboles, con el propósito de que tocara aquellas canciones que armonizaban tan bien con lo que estaba pasando. Se comprometió a hacerlo 24 horas después. Llegado el momento, contactó a su compañero Miguel Tapia y durante la tarde armaron un show con un pequeño sistema de amplificación y donde despacharon “We are sudamerican rockers”, “Quieren dinero” y “El baile de los que sobran”, mientras los presentes se sacudían apretujados para cantar cada palabra de esos temas.

Podría ser sin problemas un relato de 1988, pero no: sucedió este miércoles 23 en plena Plaza Ñuñoa, cuando el proyecto encabezado por ambos músicos protagonizó una de las presentaciones más intensas de estos últimos días en el lugar. “La gente estaba contentísima con lo que hicimos”, define Narea días después. Eso sí, para él, no resulta una novedad que el público pida una y otra vez las composiciones que grabaron junto a Jorge González hace tres décadas: “Todo esto ya era así hace mucho tiempo. Cuando tocábamos con Miguel (Tapia), la gente nos decía: ‘qué bueno que están tocando estas canciones, porque siguen vigentes’. Es bastante increíble que sea así, como también ha pasado con El derecho de vivir en paz”.

Foto: www.claudionarea.cl
Claudio Narea.

Para el guitarrista, la razón está en algo tan básico como esencial: “En circunstancias tan absurdas como las que estamos viviendo, la música siempre servirá para darse ánimo”. Luego profundiza:

“No todo va a ser tirar piedras o arrancar de las bombas lacrimógenas. Yo no tiro piedras, hay gente que lo hace, pero la música siempre aparece para dar otro estado de ánimo, sobre todo cuando atravesamos esto: una democracia donde está muriendo gente por las malas decisiones del gobierno”.

Para un hombre que en los 80 vivió el toque de queda y la presencia de los militares en las calles como ciudadano y como figura pública, lo que aconteció esta semana se sintetiza en una sola expresión: “Incredulidad. Cómo es posible que haya pasado algo así”.

De hecho, recuerda que cuando en 1986 estaban grabando Pateando piedras, el segundo trabajo de Los Prisioneros, enfrentó una de sus experiencias más complejas bajo dictadura. De noche, pasadas las 22 horas, volvía a San Miguel con su guitarra al hombro dentro de un estuche y pasó a dejar a Tapia a su casa. Al seguir caminando hacia su residencia fue detenido por militares que le preguntaron qué transportaba en ese paquete tan singular: Narea lo abrió para mostrarle que se trataba de su instrumento. El uniformado lo dejó partir, pero cuando se alejaba, otros hombres de las Fuerzas Armadas que estaban en el sector le gritaron “¡a correr!”. No tuvo más opción que agilizar su paso. “Estuve seguro de que me iban a disparar. Extenuado llegué a la puerta de mi casa y le conté todo a mi papá”, escribió en su autobiografía de 2009.

Hoy el artista sigue repitiendo que no puede creer que situaciones similares hayan vuelto a replicarse, como un déjà vu indeseado. Aunque cierra: “A la música nuestra la gente la sigue viendo muy presente. Debe ser porque todos los gobiernos después de Pinochet han fallado. La desigualdad sigue siendo enorme”.