Nadie es profeta en su tierra: Karcocha, el mimo que triunfó en Europa y vuelve con su show a Chile

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“Pasaba más tiempo en la comisaría que haciendo espectáculo”, recuerda Gerardo Castro sobre sus días trabajando en la Plaza de Armas de Santiago. Ya ha recorrido buena parte del mundo y se prepara para estrenar su primera obra en singular en el Centro Arte Alameda.

Ha sido descrito como “el mimo más famoso del mundo”. Partió haciendo pantomima a los 22 años en la Plaza de Armas de Santiago y hoy ya ha recorrido Europa y Asia con un aplaudido espectáculo callejero y su personaje llamado Karcocha, al que bautizó en honor a los volantines hechos con papel de diario.

Técnicamente, y desde que comenzó a usar un silbato, hoy ya no es un mimo. Gerardo Castro (36) se hace llamar a sí mismo “el arlequín moderno”, pero más allá de cualquier definición, se debe a su personaje. “Soy el Karcocha, como Cantinflas era Cantinflas, como Chaplin era Chaplin, pero la gente como me ve con cara blanca, me dice mimo y cagué“, dice a CNN Chile.

En 2007, cansado de que Carabineros interrumpiera incesantemente su trabajo, ahorró y emigró a Europa. Hoy está radicado en Barcelona, desde donde se mueve a distintas partes del mundo con un su espectáculo que se adapta tanto a la calle, como al teatro y al circo.

A más de 11 años de su partida, ahora se encuentra durante un par de semanas en Chile y se prepara para estrenar este domingo “Siete 7”, un show único y familiar en el Centro Arte Alameda, con el que pronto espera llegar a otras ciudades de Latinoamérica.

—Cuando trabajabas acá en Chile, ¿fuiste detenido varias veces?
—Un montón, 50 habrán sido pocas. A veces me montaban, a veces no, a veces me echaban, me hacían las multas, me llevaban al calabozo. En 2007 me fui a Europa y allá también me pasaba, en varios lugares, en España un montón, en Portugal me pararon alguna vez, en Italia, en Alemania, en Turquía tuve algún mal rato. Pero yo ya me curtí en Chile, entonces ya después sabía cómo me tenía que comportar. Igual lo que hago es un poco transgresor, rompo los esquemas de lo cotidiano.

—¿Por qué decidiste dejar Chile?
—Por lo mismo, porque ya la policía no me dejaba trabajar, era imposible hacer espectáculos en el centro y ya pasaba más tiempo en la comisaría que haciendo espectáculo, entonces no quería dejar mi pasión. Lo que pasó fue juntar un poco de plata y decidí emigrar.

—¿A dónde te fuiste primero?
Me fui a España y estuve ahí como seis o siete meses, después me fui a Alemania, a Holanda, Italia, volví a Sudamérica, Chile, Argentina. Pasaba unos meses acá y después me iba allá al verano, seguía al sol. Después de unos dos o tres años en Europa, me empezaron a conocer más, me llevaron a Singapur, a Tailandia, a Japón y empecé a viajar más por Asia.

—¿Hay alguna diferencia entre el público chileno y el europeo?
—Hay países y países, todos reaccionan distinto. Por ejemplo, los nórdicos son más reservados, tienen un tipo de humor más de tratar de entenderte y después reírse. Los latinos somo más de reírnos y después entendemos por qué nos reímos. Y, por ejemplo, los asiáticos son más de sorprenderse.

—¿El show que vas a hacer el domingo cómo es? ¿Cuál es la diferencia con verte en la Plaza de Armas?
—Ya no es una improvisación pura, es hacer algo más estructurado, ya tengo una pauta. Estoy llegando a públicos más masivos en los cuales el espectáculo de calle, jugar aquí jugar allá, se hizo chico. Necesito cambiar mi formato a un escenario y tirar un espectáculo más estructurado.

—¿Es la primera vez que haces eso?
—Solo, sí. Vengo trabajando hace ya varios años haciendo números de ocho minutos en cabaret, circo, festivales. He estado dirigiendo harto los últimos años en Barcelona, creando cosas en grupo y estoy haciendo acrobacia de dúo, varias cosas. Lo que estoy tratando de hacer ahora es dar el paso de actor. Las herramientas están, sólo tengo que empezar a tener el ritmo del escenario, del espectáculo de teatro y sorprender también, porque tanta calle me ha entregado algunas cositas. Las obras son más estructuradas y esto rompe un poco el esquema, rompe la cuarta pared y eso es lo que quiero, sorprender con otra estructura dentro de una sala de teatro.

—¿Este show lo vas a llevar a otros lugares?
—Sí, tengo que coordinarlo porque soy autodidacta y autogestiono mis formatos, entonces ya tengo cómo hacer una gira a México, en Colombia y en Costa Rica. Tengo contactos, me conocen y en los festivales europeos también me conocen un montón.

—¿Cuál es el sueño máximo que te gustaría realizar haciendo lo que haces?
—Quiero llegar a todo el mundo y el proyecto que tengo ahora es ir a África en un viaje en bicicleta, hacer un proyecto social, es como mi nuevo proyecto social. Con el mismo personaje, es con lo que puedo jugar.

—¿Cómo creaste el personaje?
—Viajando y en la calle. La calle fue la mejor universidad y mi escuela de aprendizaje.

—Hay gente que no le gustan los mimos o que los encuentran muy molestosos.
—Yo creo que yo estoy siendo el encargado de limpiar ese karma que han dejado los malditos mimos, los malditos bufones, porque a mi personaje por lo menos no le llegan muchas críticas, de hecho como que me agradecen un montón el estilo de juego que tengo, que no es molestar a la gente, que es más un juego con respeto. Pero claro, los malditos mimos me han hecho un mal karma. Me preguntan ahora hasta por los okupa de La Serena, que qué opino yo. Qué tengo que ver yo.

Fuente: cnnchile.com