Columna de Opinión: Gabriela Mistral, adelantada a su tiempo

Por Marcelo Trivelli
Fundación Semilla

 

El pasado 10 de enero se cumplieron 65 años desde el fallecimiento de Gabriela Mistral. Una persona adelantada a su tiempo ya que su legado perdura plenamente vigente hoy, aun cuando el mundo ha cambiado de manera significativa.

Además de ser una extraordinaria poetisa que recibió el premio Nobel de Literatura, fue una gran educadora. Tuvo la sensibilidad de ver la realidad con mente abierta, abordando temas que llamaban a escándalo, pero que para la mayoría de la sociedad de su época eran normales. Su pluma y su quehacer fueron sus grandes armas para denunciar esa realidad que le tocó observar.

Su poema Piececitos es una observación y un grito de denuncia ante la impasividad de la sociedad. Bien vale releerlo una y mil veces, y para muestra un fragmento:

“Piececitos de niño, azulosos de frío, ¡cómo os ven, y no os cubren Dios mío! ¡Piececitos heridos por los guijarros todos, ultrajados de nieve, y lodos!”

Para valorar y reconocer a Gabriela Mistral hay que situarse en su época. Hoy sorprendería ver a un niño a “pie pelado” caminando por las calles o asistiendo así a la escuela, pero hace un siglo era la realidad que vivían las familias en la pobreza.

Figueroa, Keiko Silva y Patricia Vargas en su trabajo Tierra, indio, mujer: Pensamiento Social de Gabriela Mistral resumen muy bien la validez de su legado: “Gabriela Mistral elaboró una concepción de los valores que deben estar presentes en la realidad de nuestro país y América. Los aspectos políticos, económicos y culturales marginados de la cultura dominante: tierra, indio y mujer. Esto hizo de ella no sólo una poetisa sino además una gran pensadora”.

¿Cuáles son hoy los “piececitos azulosos de frío”? Cuán diferente sería nuestra sociedad si la mayoría pudiera verlo que hoy está normalizado. Niñas, niños y jóvenes son expuestos al consumo drogas y teniendo como referentes a bandas delictuales, asistiendo a escuelas que no los acogen ni los forman; en ausencia de familias, ya sea por las largas extenuantes jornadas laborales y de movilización, de brecha salariales indignas, de una cultura del individualismo y exitismo sin freno, o por simple abandono.

Tenemos una deuda con Gabriela Mistral, la de sensibilizarnos frente a los nuevos “azulosos piececitos”, denunciarlo y tomar acciones, para que las niñas, niños y jóvenes de nuestra época tengan el trato que merecen y necesitan.

A 65 años de tu muerte, gracias, Gabriela Mistral por el legado que nos dejaste que aún sigue plenamente vigente.