Columna de Opinión: No da lo mismo la forma en que combatimos el Cambio Climático en Aysén

Carlos Díaz Varela
Seremi de Energía de Aysén

 

 

Uno de los ejes del gobierno del presidente Gabriel Boric para la cartera de Energía es la descarbonización. Esto no solo considera la ejecución de un plan de cierre de las centrales a carbón en el norte (que no alimentan ninguno de nuestros sistemas eléctricos de Aysén), sino que también implica reducir la quema de combustibles fósiles en general. Ese es el caso de la región de Aysén, donde gran parte de la energía eléctrica que consumimos, se genera en base a combustibles altos en carbono.

 

Sabemos que una de las formas más conocidas y efectivas para combatir las emisiones de gases efecto invernadero en el sector energía es mediante la generación con fuentes renovables, como por ejemplo la hidroeléctrica, eólica o solar. Cuando nos referimos a las centrales que aprovechan este tipo de recursos, les llamamos frecuentemente Energía Renovable No Convencional (ERNC). En nuestra región todas las centrales que no son térmicas son de ERNC, sin embargo, todas tienen algo muy convencional, su propiedad, ya que pertenecen a grandes empresas.

 

En ese sentido, existe un modelo que este gobierno quiere impulsar con mucha fuerza que es la generación de energía de propiedad comunitaria. Podemos ser los ciudadanos de Aysén asociadamente, los dueños de pequeñas centrales de generación y así aportar a la descarbonización.

 

Desde hace poco, la regulación permite que los ciudadanos se asocien, construyan una central (de hasta 300 KW) y consuman la energía que esta genera, incluso si todos los socios están lejos entre sí y ciertamente lejos de la central. Por ejemplo, socios de una cooperativa energética que viven en Cochrane, Coyhaique y Puerto Aysén podrían generar en Puerto Chacabuco y consumir su propia energía en su casa, a cientos de kilómetros de la generación.

 

Esto podría tener un efecto no solo en descarbonizar la matriz energética, sino que además podrían motivar a la comunidad a cambiar su calefacción desde leña a electricidad, lo que permitiría descontaminar nuestras ciudades. Además, debido a que es “su propia energía”, solo tendrían que pagar los costos de distribución y costos fijos, que son aproximadamente un 38% del costo normal por kWh.

 

El sector energía debe aportar en la mitigación de la crisis climática sin olvidar que tiene un rol social fundamental para la vida digna. Debemos avanzar en una transición energética justa, que nos permita terminar con la vulnerabilidad y pobreza energética, promover una mayor inclusión y participación de mujeres en la industria energética e impulsar la descentralización.

 

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