Ramón Muñoz y “El Farellón” De aprendiz a maestro

A 60 años del periódico “El Farellón” (1962-1975) y la imprenta que lleva su nombre, Ramón Muñoz, actual diácono de la Iglesia de Aysén, es fuente viva de esta experiencia comunicacional, eclesial y social desde sus 15 años de edad hasta el día de hoy.

Ramón del Carmen Muñoz Cárdenas hoy tiene 72 años. “Nací —comparte— en 1950 y llegué a Coyhaique en 1954. Mi familia proviene de Chiloé y en principio nuestro destino era Argentina. Pero mis viejos decidieron quedarse acá”.

Su llegada a “El Farellón” fue a principios de marzo de 1965. “Ingresé —recuerda— como ayudante, como aprendiz de tipografía. Iba a cumplir 15 años y no sabía nada de gráfica cuando supe de una bacante en una imprenta. Hablé con el padre Alfonso Massignani, que era el director y fundador del periódico. Él me aceptó, quedé; hasta que asumí como administrador de la imprenta.

“El padre Alfonso —dice Ramón— fue un gran constructor y emprendedor; un hombre muy sociable. En sus tiempos se empezó a construir la catedral de Coyhaique; inició la radio ‘Santa María’ en la época del obispo Cazzaro. Fue trasladado a Bolivia, y allí también hizo muchas obras. Este sacerdote también se dedicó al periodismo lo que le llevó a fundar esta imprenta y su periódico el 12 octubre de 1962”.

Editar “El Farellón”

“En ese tiempo —rememora Ramón— había un equipo y colaboradores. Por ejemplo, en el deporte una persona nos traía informaciones. El padre Alfonso escribía los textos y como este era un periódico católico teníamos una sección de ‘información católica mundial’; todo esto se iba componiendo con tipografía metálica; trabajo que consistía en armar a mano, letra por letra, espacio por espacio, cada página en el ‘componedor’. El Farellón salía cada 10 a 15 días, o una vez al mes, con un tiraje de 300 ejemplares”.

Para más detalle del “armado” Ramón explica que “una vez armada la página esta se llevaba a la máquina y se comenzaba a imprimir; se sacaba una prueba, se corregía y se volvía a imprimir. Después, toda la tipografía usada se devolvía a sus cajones para así empezar una nueva página. De este modo se completaban las 6 u 8 páginas que contemplaba la edición”.

 

El fin de un ciclo

Sentado en su sillón de trabajo en las actuales dependencias de “El Farellón” en Coyhaique, Ramón comparte la razón fundamental que dio vida a este periódico. “Pienso —dice— que era para evangelizar ya que este era un periódico católico que hablaba siempre de las obras de la Iglesia. Existían otros periódicos como “El Aysén”, “El Coyhaique” y “La Prensa”. Todos aportaban información en ese tiempo a la provincia y sobre todo a Coyhaique”.

“El Farellón tuvo que cerrar —agrega— porque llegaron los diarios. El primero fue el diario ‘Aysén’ en 1975. Lo otro que influyó fue que al padre Alfonso lo trasladaron a Puerto Aysén y después a Bolivia. Todo eso aportó en la desaparición del periódico”.

“El Farellón en mi vida —concluye con emoción— ha sido todo. Desde que el padre Alfonso dejó de administrar la imprenta me la traspasó a mí en julio de 1970. Por eso digo que ‘ha sido todo’ para mí en lo laboral y familiar, en la educación de mis hijos. Soy agradecido del padre Alfonso. Ya son 57 años en esta imprenta; pasé de aprendiz a maestro, y hoy estoy cerrando el ciclo”.